Para combatir la melancolía, un cigarro y una copa de buen vino, supongo que será por aquello de que casi siempre se suele beber acompañado. Personalmente, creo que el mejor remedio para combatir la melancolía es un poco de espuma de afeitar, por aquello de no sentirse pesado.
Nacho Vegas, entre otros, es quien nos enseña a no consumir demasiado deprisa la vida. Porque eso es la melancolía: la vida que vemos consumirse.
domingo, 13 de febrero de 2011
sábado, 1 de enero de 2011
El origen de la melancolía
El ardor, la acidez o incluso los vómitos son síntomas comunes durante estas fechas. La Navidad, la Noche Vieja,…
Ya en el siglo XVII, la melancolía era considerada un mal endémico entre la población. Afortunadamente en nuestros días este pensamiento ha sido modificado, ahora sólo es un sentimiento más que puede hacer a quien lo padece tender a la tristeza permanente. "La melancolía o bilis negra, aquella vieja conocida de los médicos desde épocas inmemoriales, era considerada aún en tiempos de Robert Burton uno de los cuatro humores básicos que existen en el cuerpo (junto con la sangre, la bilis amarilla y la flema). La persona que nacía con un exceso de bilis negra en el cuerpo y bajo el influjo del telúrico Saturno era tenida por desgraciada y vil desde épocas remotas. Si uno presta atención a las características que se estimaron típicas del melancólico a lo largo de la antigüedad tardía y del medioevo se percatará con sorpresa de que prácticamente coincidían con los siete pecados capitales. Avaricia, lujuria, pereza (o acedia), envidia y tristeza eran notas típicamente endilgadas al pobre atrabiliario."
A lo que iba, la Navidad, la Noche Vieja,… me parecen fechas tan estereotipadas que en estos últimos años he decidido celebrarlas de una manera irónica pero alegre, como en “Un Cuento de Navidad” de Charles Dickens y no darles más importancia de la que puedan tener. Hacerlo de otra manera sería terminar con mi espíritu envuelto en melancolía, yéndome a visitar mi propia tumba. El otro día leyendo cierto blog, llegué a darme cuenta de por qué se pueden llegar a odiar tanto las fechas señaladas, creo que es por la nostalgia y por la melancolía que hacen aflorar, por eso y por los tópicos que traen consigo, más que en cualquier otra época del año. Por todo ello, prefiero un viernes cualquiera a la Nochebuena o el tercer sábado de Marzo a la Noche Vieja. Es por lo que me cuesta entender cómo puede haber gente que espere a la Noche Vieja ó al día de su cumpleaños con premeditación y que aún disfrute segregando bilis negra!
Y para cerrar el año, o mejor dicho para comenzarlo, nada mejor que hacerlo con el mejor directo que presencié en los últimos meses. Un topicazo lleno de melancolía, que le vamos a hacer.
Ya en el siglo XVII, la melancolía era considerada un mal endémico entre la población. Afortunadamente en nuestros días este pensamiento ha sido modificado, ahora sólo es un sentimiento más que puede hacer a quien lo padece tender a la tristeza permanente. "La melancolía o bilis negra, aquella vieja conocida de los médicos desde épocas inmemoriales, era considerada aún en tiempos de Robert Burton uno de los cuatro humores básicos que existen en el cuerpo (junto con la sangre, la bilis amarilla y la flema). La persona que nacía con un exceso de bilis negra en el cuerpo y bajo el influjo del telúrico Saturno era tenida por desgraciada y vil desde épocas remotas. Si uno presta atención a las características que se estimaron típicas del melancólico a lo largo de la antigüedad tardía y del medioevo se percatará con sorpresa de que prácticamente coincidían con los siete pecados capitales. Avaricia, lujuria, pereza (o acedia), envidia y tristeza eran notas típicamente endilgadas al pobre atrabiliario."
A lo que iba, la Navidad, la Noche Vieja,… me parecen fechas tan estereotipadas que en estos últimos años he decidido celebrarlas de una manera irónica pero alegre, como en “Un Cuento de Navidad” de Charles Dickens y no darles más importancia de la que puedan tener. Hacerlo de otra manera sería terminar con mi espíritu envuelto en melancolía, yéndome a visitar mi propia tumba. El otro día leyendo cierto blog, llegué a darme cuenta de por qué se pueden llegar a odiar tanto las fechas señaladas, creo que es por la nostalgia y por la melancolía que hacen aflorar, por eso y por los tópicos que traen consigo, más que en cualquier otra época del año. Por todo ello, prefiero un viernes cualquiera a la Nochebuena o el tercer sábado de Marzo a la Noche Vieja. Es por lo que me cuesta entender cómo puede haber gente que espere a la Noche Vieja ó al día de su cumpleaños con premeditación y que aún disfrute segregando bilis negra!
Y para cerrar el año, o mejor dicho para comenzarlo, nada mejor que hacerlo con el mejor directo que presencié en los últimos meses. Un topicazo lleno de melancolía, que le vamos a hacer.
martes, 1 de junio de 2010
La melancolía y la infinita tristeza
Tengo muchas cosas en la cabeza, llevo pensando esta entrada desde el día de ayer, después de haber dormido casi doce horas la noche del sábado. Supongo que parte de culpa de todo esto habrá sido de la subida de las temperaturas y de los días que van creciendo, que al menos te hacen sentir vivo.
Supongo que lo mejor del verano, como sucede con el sexo bien hecho ó con las drogas bien tomadas, sea el previo. El planificar dónde te vas a encontrar en cada uno de esos momentos, lo que vas a hacer con la única miserable quincena que tienes libre en todo el año. Después, el verano suele ser como el Tour de Francia, pasa rápido y sin avisar. Al final se trata de obtener un buen recuerdo de las vivencias pasadas, intentando olvidar casi todo lo demás para centrarse en el corte de pelo apropiado que le pedirás a tu peluquero en Septiembre.
La cena de apertura, la otra cena de apertura, el concierto de Dylan, conocer lugares que nunca hubiera imaginado conocer, volver a salir hasta las mil, aunque eso ya no sea nuevo, volver a estar tranquilamente sentado con grandes amigos, con gente que lo ha pasado fatal, tomarme unas copas con gente que hacía meses que no veía, descansar una semana como hacía tiempo que no lo hacía, esa visita a un país extranjero, los más de mil kilómetros en coche dejando atrás a gente de todo tipo, noches tranquilas de calor en los bares de siempre, noches de calor menos tranquilas con cantidad de gente a tu alrededor, paseos al amanecer vestido con una única prenda después de haber pasado la noche en un pueblo de cualquier comarca recóndita, volver a comer pulpo en Pontevedra, perder la conciencia, volver a disfrutar de alguien especial y volver a perder la conciencia hasta conseguir no recordar que algún día volverá a ser un lunes cualquiera.
Escribo esto escuchando un temón de los que se hacían cerca de Londres en los años 80, descubrimiento de este invierno para mí. La típica música que has escuchado ya pero a la que no habías prestado atención antes, música de una época con la que abstraerse parece más llevadero.
Es probable que en los próximos meses no vuelva a escribir en el blog. Ya van cinco subidas este año y eso es demasiado para un mismo año.
Supongo que lo mejor del verano, como sucede con el sexo bien hecho ó con las drogas bien tomadas, sea el previo. El planificar dónde te vas a encontrar en cada uno de esos momentos, lo que vas a hacer con la única miserable quincena que tienes libre en todo el año. Después, el verano suele ser como el Tour de Francia, pasa rápido y sin avisar. Al final se trata de obtener un buen recuerdo de las vivencias pasadas, intentando olvidar casi todo lo demás para centrarse en el corte de pelo apropiado que le pedirás a tu peluquero en Septiembre.
La cena de apertura, la otra cena de apertura, el concierto de Dylan, conocer lugares que nunca hubiera imaginado conocer, volver a salir hasta las mil, aunque eso ya no sea nuevo, volver a estar tranquilamente sentado con grandes amigos, con gente que lo ha pasado fatal, tomarme unas copas con gente que hacía meses que no veía, descansar una semana como hacía tiempo que no lo hacía, esa visita a un país extranjero, los más de mil kilómetros en coche dejando atrás a gente de todo tipo, noches tranquilas de calor en los bares de siempre, noches de calor menos tranquilas con cantidad de gente a tu alrededor, paseos al amanecer vestido con una única prenda después de haber pasado la noche en un pueblo de cualquier comarca recóndita, volver a comer pulpo en Pontevedra, perder la conciencia, volver a disfrutar de alguien especial y volver a perder la conciencia hasta conseguir no recordar que algún día volverá a ser un lunes cualquiera.
Escribo esto escuchando un temón de los que se hacían cerca de Londres en los años 80, descubrimiento de este invierno para mí. La típica música que has escuchado ya pero a la que no habías prestado atención antes, música de una época con la que abstraerse parece más llevadero.
Es probable que en los próximos meses no vuelva a escribir en el blog. Ya van cinco subidas este año y eso es demasiado para un mismo año.
martes, 13 de abril de 2010
Quizás un fin de semana de estos me vaya hasta Palma de Mallorca, a cualquier pueblo perdido de la comarca de Viana do Castelo en el norte de Portugal ó a uno de esos pueblos escondidos del interior en los que a las siete de la tarde por más que te empeñes no te van a servir una tapa de aceitunas, mucho menos de buen jamón, sólo por haber llegado hasta allí desde ochocientos kilómetros más al norte. Un fin de semana sin ruidos excesivos, sin nadie que te enseñe el tercer dedo de la mano cuando conduces, sin agentes del orden público que te digan por dónde tienes que continuar tu camino.
De mi anterior entrada había quedado algo pendiente,...
De mi anterior entrada había quedado algo pendiente,...
miércoles, 10 de marzo de 2010
¿Por qué nos atormentamos? II
Nos atormentamos cada vez que no acertamos a dejarnos llevar por la sencillez de las cosas.
Como dijo Thom Yorke cuando parte de la crítica se escandalizó por el título de su disco,… "Hail to the Thief" sin haberlo escuchado previamente,… “lo que importa es la música”. La transformación que experimento en cada uno de esos encuentros con ángeles viene haciéndome sentir fuera de este mundo, absorto y tal vez ruin. No se cuántos pecados capitales se pueden cometer, pero estoy convencido de que los cometería todos uno a uno, para poder después remediarlo llevando a cabo otras tantas virtudes capitales. Existen ciertos círculos en los que comportarse correctamente se aleja del concepto de sencillez que tengo en mi cabeza,… hay otros en los que comportarse es simplemente sencillo,… busquemos la sencillez, no nos atormentemos.
Como dijo Thom Yorke cuando parte de la crítica se escandalizó por el título de su disco,… "Hail to the Thief" sin haberlo escuchado previamente,… “lo que importa es la música”. La transformación que experimento en cada uno de esos encuentros con ángeles viene haciéndome sentir fuera de este mundo, absorto y tal vez ruin. No se cuántos pecados capitales se pueden cometer, pero estoy convencido de que los cometería todos uno a uno, para poder después remediarlo llevando a cabo otras tantas virtudes capitales. Existen ciertos círculos en los que comportarse correctamente se aleja del concepto de sencillez que tengo en mi cabeza,… hay otros en los que comportarse es simplemente sencillo,… busquemos la sencillez, no nos atormentemos.
lunes, 1 de marzo de 2010
¿Por qué nos atormentamos?
Creo que sólo unos pocos son capaces de llegar a expresar algunos sentimientos, capaces de hacer que otros escapen de su monotonía. Hay quien prefiere deleitarse a sí mismo mediante la felicidad, personalmente opino que si la luz brilla más cuando mayor es la oscuridad, la vida se disfruta plenamente cuando se está al borde de la muerte... Es probable, entonces, que las vivencias tormentosas hagan sentir más intensamente el curso de los acontecimientos. Parece ser que sí, ó al menos eso parece.
jueves, 28 de enero de 2010
Mercados varios
Comprobar hasta qué punto mis camellos son de fiar, enviando muestras de las sustancias que tomo a analizar por correo ordinario con acuse de recibo vía internet. Hasta ese nivel de desarrollo hemos conseguido llegar,… a muchos les costará creer tal estupidez, pero al menos puedo asegurar que intento no caer en mi propia desidia. Y no es que prefiriese en este momento poder haber elegido otra opción y pasarme, por ejemplo, las noches bañando a mis hijos después de una jornada de trabajo surrealista. Lo que no me ha faltado es lo que no puedo dar. Como dicen Ridderstrale y Nordströn: “Muchos niños crecen ahora con dos padres, tres madres (de la que una vive en otra parte del mundo), dos medias hermanas y un hermano con el que no tienen realmente relación. Y después esperamos que trabajen para una empresa y un jefe durante el resto de sus vidas. La lealtad era algo que solía venir dado. Ahora se tiene que ganar…”. Miserable mercadeo.
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