En los tiempos que corren, teniendo en cuenta el calentamiento global, para seguir el ritmo de la tecnomagia en la que estamos inmersos, es fundamental vivir en un lugar donde pasar el verano sea placentero y no se convierta en un ejercicio de alto riesgo por el calor.
Ahí es donde tiene cabida uno de mis superhéroes de cómic preferidos desde hace unos meses, Iceman el personaje de MARVEL.
Como en este blog de vez en cuando se suele hablar de distopías, aprovechando la actualidad geopolítica, no iba a desaprovechar la ocasión de comentar un tuit con el que no puedo estar más de acuerdo. Porque en nada hará diez años, ahora que está tan de moda lo de predecir, aquí ya lo predije. En la costa del golfo Pérsico algún día tenía que pasar.
En Dubái, "al parecer, ha caído un misil iraní en el Palm Jumeirah, la isla artificial con forma de palmera gigante. Y esto es tan narrativamente coherente que parece escrito por un escritor de ciencia ficción de los 70.
Porque Dubái es esencialmente una distopía escrita hace 50 años. Como Super-Cannes o High Rise, de Ballard. Que yo las leí en los 90 y dije molan las novelas, pero es imposible que nadie construya nunca algo así. Y no solo la construyeron, sino que millones de personas se han ido allí de vacaciones o a trabajar haciendo como que están de vacaciones y a subir stories y TikToks.
Lo que me flipa es que haya tanta, tantísima gente, que no lo ve a la primera, porque Dubái nunca ha ocultado su condición distópica, de hecho la exhibe, la pone en el escaparate, la ilumina con LEDs, le añade una pista de esquí interior y te cobra entrada. Gente que, teóricamente, está capacitada para entender que una monarquía petrolera sin libertad de prensa, sin derechos laborales, sin derecho a la disidencia, con temperaturas de 48 grados que obligan a climatizar las paradas de autobús, representa un modelo civilizatorio tan obtuso —además de inmoral, pero no voy a entrar en eso ahora— que viene con la fecha de caducidad impresa en la frente. Pero el hotel tiene un acuario en el vestíbulo y el acuario es enorme y las suites tienen ventanas que dan directamente a ese acuario.
Dubái es una ciudad que te dice mira, aquí tenemos esclavitud laboral con vistas al mar y la gente respondía qué fuerte, ¿y el brunch del viernes a cuánto sale? Una isla artificial con forma de palmera —con forma de palmera, por favor, que no la han hecho con forma de dinosaurio porque todavía les daba un poco de vergüenza— construida por trabajadores nepalíes, indios, bangladesíes, pakistaníes, filipinos, etíopes, ugandeses y/o kenianos a los que les confiscaban el pasaporte, para que luego un influencer británico o estadounidense o alemán o español pudiera grabarse en bañador diciendo living my best life. El arco narrativo está ahí, a la vista, sin metáfora posible porque la realidad ya era la metáfora.
Y ahora un misil iraní ha atravesado la burbuja, la real y la metafórica. Igual el yogur ya estaba caducado y la distopía solo está cumpliendo su propio guion."
Puede parecer que lo has visto todo, hasta que llega Rosalía y además de arreglarte el año, hace que vuele todo por los aires. El MOV. I de su álbum LUX podría ser un álbum por si mismo y ser lo mejor que ha publicado un artista nacional en años.
Para todas las bandas que empiezan, lo del propósito de trascender en la música: Con un directo como éste y la actitud punk que desprenden, el vocalista, el menor de los hermanos Cartlidge, a día de hoy también menor de edad, y su hermana mayor a la guitarra con diecinueve años. Si no fuera porque hasta el año que viene no tendrán álbum publicado, diría que irradian veteranía sobre el escenario.
Y antes de que regresen un año más todos esos enajenados, vuelvo con mi pensamiento a la mejor hamburguesa que probé este año, gesta que no era difícil de lograr teniendo en cuenta el nivel que se encuentra por ahí. Fue en Italia, en el restaurante Dal Baffo a las afueras de San Remo.
Esa tarde del sábado, después de haber disfrutado en Cataluña de días de piscina y arroz, y tras descansar de una ruta en coche con vistas al Mediterráneo, el momento previo a la vuelta a casa, con la mente en calma, y diría que también en blanco, situación idónea para el disfrute. Por casualidad conocimos a un austriaco, afincado en Ospedaletti (Imperia), entre cubalibres de ron Capitán Morgan (una de las últimas botellas que se bebió en toda Italia), cervezas y botellines de agua para saciar el calor. En compañía de este bizarro personaje con aspecto de peregrino de mil caminos, pasamos la tarde compartiendo charla amena y andanzas que se me vienen a la mente de vez en cuando, con la sensación de haber aprovechado el momento alrededor de una mesa.
Los años y la edad hacen a uno escéptico pero momentos compartiendo lo cotidiano de la vida es lo que nos hace seguir adelante.
Conducía por la N-II dirección Pineda de Mar, mientras el sol se escapaba a mi izquierda detrás de las montañas. No me había dado cuenta aún pero estaba saboreando el final de la mejor tarde del verano en Barcelona.
A la vez, no podía dejar de pensar en aquella tarde de hace más de treinta años, entre amigos adolescentes, en ese sitio, en los trozos de pizza que quedaban en el plato del Darkos y como se desperdigaron por el suelo, justo cuando el brasileño Dunga marcaba el cuarto penalti de la tanda (3-2). El gol que le daría el título de campeón del mundo a Brasil tras fallar Roberto Baggio la última pena máxima de ese mundial para Italia.
Es curioso, si piensas donde vas a estar cada cuatro años en la misma fecha, la vida te sorprende y sueles terminar en un sitio inesperado, con gente inesperada, haciendo cosas inesperadas. Por más mundiales cada cuatro años.
Aquella tarde en Aranda de Duero, mesa con mesa sentí la paz. Sucedió eso que sucede cuando te encuentras con alguien a quien llevas tiempo idolatrando, que por no romper la magia, te conformas con observar y guardar el recuerdo.
Se viene el verano, vuelven las piscinas, nadar y no pensar en nada más.